Overload

¿Cómo más decirle a ese momento de ofuscación momentánea mezclado con claridades permanentes que nace de estar en un país extraño, no escuchar algo remotamente parecido a tu idioma, que una rata se cruce en tu camino, ver alguien cagando en la calle al pie de un tugurio de casitas de lata, recordar un te lo dije anterior y la certeza de que este viaje necesita la mente abierta?
Y no es que las escenas anteriores no se puedan ver en mi propia ciudad, lo que me confronta es mi reacción. Estoy en un lugar donde muchas de nuestras normas occidentales simplemente no aplican y eso me devuelve de tajo a pensar en que muchas de las que llamamos comodidades solo enmascaran formas de hacer más basura, producir más contaminación, generar ciclos de consumo interminable y un largo etcétera de problemas que no se solucionan simplemente con un poco de agua para limpiarse.
Primera prueba superada, respiro, me río, y me reto por ahora a tratar de vivir con un poco menos de esa enfermiza pulcritud occidental. Solo un poco menos.

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